EXTRAESCOLARES: ¿CUÁNTAS SON DEMASIADAS?

PSICÓLOGO INFANTIL CASTELLÓN

Con el inicio del curso vuelve una duda habitual de muchas familias: ¿a qué extraescolares apuntamos a nuestros hijos?

Deporte, música, idiomas, robótica, baile, teatro… La oferta es cada vez mayor y, a veces, podemos acabar teniendo la sensación de que hay que aprovechar todas las oportunidades. Pero antes de llenar las tardes de actividades quizá convenga hacerse una pregunta: ¿realmente las necesita?

Las actividades extraescolares pueden ser una experiencia muy positiva. Permiten descubrir intereses, desarrollar habilidades, relacionarse con otros niños y disfrutar de espacios diferentes a los académicos. Pero para que cumplan esa función es importante que no se conviertan en una obligación más dentro de una agenda demasiado llena.

Los niños también necesitan tiempo libre. Y necesitan aburrirse.

Vivimos en un contexto de estimulación constante. Cuando no hay colegio, extraescolares o actividades organizadas, aparecen con facilidad las pantallas, los juegos dirigidos o la necesidad de que un adulto proponga qué hacer. Cada vez vemos más niños a los que les cuesta estar sin una actividad programada y que, ante un rato vacío, rápidamente dicen: «Me aburro».

Sin embargo, aburrirse no es necesariamente algo negativo. Cuando un niño no tiene algo preparado que capte inmediatamente su atención, tiene la oportunidad de buscar qué hacer, inventar, imaginar, explorar o crear su propio juego. Ese espacio menos estructurado puede favorecer la creatividad, la autonomía y la capacidad de generar sus propios recursos.

Por eso, no necesitamos llenar cada hueco de su agenda. Jugar libremente, estar en casa, compartir tiempo con la familia o simplemente no tener nada previsto también son experiencias importantes. Un niño que no está apuntado a varias actividades no está perdiendo el tiempo ni desaprovechando oportunidades.

A la hora de elegir una actividad extraescolar podemos tener en cuenta algunas cuestiones:

  • Escuchar sus intereses. Podemos ofrecerles distintas alternativas, pero intentando que nuestras propias preferencias no determinen la elección.
  • Probar antes de decidir. Siempre que sea posible, una clase de prueba puede ayudarles a descubrir si realmente disfrutan de la actividad.
  • Tener en cuenta a cada niño. Su edad, personalidad, intereses, habilidades y el momento que está atravesando son más importantes que aquello que hacen sus compañeros.
  • No convertir la actividad en un premio o un castigo. Si es un espacio de disfrute y aprendizaje, conviene que no dependa de las notas o del comportamiento.
  • Evitar la sobrecarga. Colegio, deberes, desplazamientos y varias actividades pueden dejar muy poco espacio para descansar, jugar, aburrirse o estar en familia.
  • Valorar qué le aporta. El deporte puede favorecer la coordinación, los hábitos saludables, la cooperación y las relaciones sociales. La música, el teatro, el baile o las actividades artísticas pueden estimular la creatividad, la expresión y la confianza. Lo importante es encontrar aquello que encaje con cada niño.

Quizá, antes de apuntarles a una actividad más, podemos preguntarnos: ¿necesita realmente otra extraescolar o necesita alguna tarde en la que no tenga nada que hacer?

Porque no todo el tiempo de la infancia tiene que estar organizado ni ser productivo. Dejar espacio al aburrimiento también es dejar espacio para imaginar, crear y aprender a estar con uno mismo.

Centro de psicología Camins

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