NIÑOS CON FORTALEZA EMOCIONAL: APRENDER A AFRONTAR LA VIDA

Psicología Camins

Todos queremos que nuestros hijos sean felices y estén bien. Por eso, muchas veces intentamos evitarles el sufrimiento, resolver sus problemas o protegerles de cualquier situación que pueda resultarles difícil. Sin embargo, crecer también implica aprender a afrontar la frustración, los errores, los conflictos y las pequeñas adversidades del día a día.

La fortaleza emocional no significa que un niño no tenga miedo, no llore o nunca se enfade. Significa aprender a reconocer lo que siente, comprenderlo y encontrar formas adecuadas de afrontarlo.

¿Cómo podemos ayudarles a desarrollar fortaleza emocional?

  • Enseñándoles a reconocer sus emociones. Poner nombre a lo que sienten les ayuda a comprenderse mejor y a expresar sus necesidades. Estar enfadado, triste o preocupado es válido; lo importante es aprender qué podemos hacer con esas emociones sin hacer daño a los demás ni a nosotros mismos.
  • Construyendo una autoestima saludable. Los niños necesitan sentirse queridos y valorados, pero también experimentar que son capaces de enfrentarse a pequeños retos. Permitirles equivocarse, intentarlo de nuevo y reconocer sus propios avances contribuye a desarrollar confianza en sí mismos.
  • Aprendiendo a tolerar la frustración. No siempre podemos conseguir lo que queremos, ganar un juego o hacer las cosas a la primera. En lugar de evitarles continuamente estas situaciones, podemos acompañarlos para que aprendan a tolerar el malestar y descubrir que una dificultad no significa que no sean capaces.
  • Desarrollando estrategias para afrontar las dificultades. Ante un problema, podemos enseñarles a parar, pensar, buscar diferentes soluciones y pedir ayuda cuando la necesiten. El objetivo no es que puedan hacerlo todo solos, sino que aprendan progresivamente a enfrentarse a los retos.
  • Aprendiendo a resolver conflictos. Las relaciones también generan desacuerdos. Desde pequeños pueden aprender a escuchar, expresar lo que necesitan, respetar otros puntos de vista, negociar y buscar soluciones.
  • Fomentando la curiosidad y las ganas de aprender. Animarlos a preguntar, explorar y descubrir favorece una actitud abierta ante los nuevos aprendizajes. Equivocarse puede formar parte del proceso, no ser una señal de fracaso.
  • Favoreciendo la autonomía y la responsabilidad. Darles pequeñas oportunidades para decidir y asumir responsabilidades adecuadas a su edad les ayuda a desarrollar confianza y a comprender que sus decisiones tienen consecuencias.

Y, sobre todo, necesitan adultos que los acompañen sin intentar solucionar absolutamente todo por ellos. Un niño emocionalmente fuerte no es un niño que nunca lo pasa mal. Es un niño que aprende que puede sentir, equivocarse, pedir ayuda, buscar soluciones y volver a intentarlo. La fortaleza emocional no aparece de un día para otro. Se construye poco a poco, a través de las experiencias cotidianas y del acompañamiento de los adultos.

En el Centro de Psicología Camins creemos que estas habilidades pueden aprenderse y entrenarse desde la infancia, ayudando a nuestros hijos a crecer con más recursos para afrontar los retos que encontrarán a lo largo de su vida.

Ana Egea Rodríguez. Psicóloga Centro de Psicología Camins Castellón

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