Seguro que has oído a alguien definirse como introvertido o extrovertido. Pero ¿qué significa esto realmente? Estos conceptos suelen utilizarse como sinónimos de “sociable” o “poco sociable”, pero van mucho más allá.
Por un lado, la extroversión es una tendencia de las personas hacia el afecto positivo, la sociabilidad y la asertividad. Las personas extrovertidas disfrutan y recargan su energía con interacciones sociales y en entornos dinámicos. En cambio, la introversión es característica de personas tranquilas, introspectivas, reservadas y emocionalmente estables, que recargan su energía en soledad o en grupos pequeños.
Así que, si pudieras elegir ser extrovertido o introvertido, ¿qué elegirías?
Seguramente muchas personas preferirían ser extrovertidas, ya que suele ser más deseable en nuestra sociedad por sus beneficios sociales. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de nosotros somos una combinación de ambos, y nuestro comportamiento depende tanto de la persona como del contexto.
Aun así, si te acercas más a una personalidad introvertida, debes saber que tiene muchas ventajas que a menudo pasan desapercibidas. Por ejemplo, las personas introvertidas suelen:
- Ser curiosas.
- Reflexionar antes de contestar o actuar.
- Ser creativas e innovadoras.
- Tener un gran autoconocimiento gracias a su capacidad de mirar hacia su mundo interno.
- Saber escuchar y comprender al resto.
- Ser autocríticas, lo que favorece su crecimiento personal.
- Preferir las conversaciones profundas frente a las superficiales.
- Tener más dificultad para establecer relaciones debido a sus escasas interacciones sociales, pero los pocos vínculos que crean son más íntimos y de calidad.
- Disfrutar de la calma y la meditación.
Pero lo más importante es entender que no es mejor ser introvertido o extrovertido. Las personas con diferentes personalidades, gustos y opiniones nos complementamos y ayudamos a crecer mutuamente.
Aceptar la propia tendencia introvertida nos ayuda a comprender cómo funcionamos y valorar lo que nos hace sentir bien. Cuando dejamos de compararnos y empezamos a respetar nuestro ritmo, aparece una coherencia y bienestar que cambia nuestra forma de vivir. Así, nos damos permiso para buscar espacios tranquilos, conectar de forma auténtica, crear sin presión y recargar energía como necesitamos. Y esta aceptación personal no es conformismo: es el primer paso para vivir con más calma, autenticidad y satisfacción, aprovechando nuestras propias fortalezas.
M.ª Dolores Pérez. Psicóloga en prácticas en Camins Castellón




