LA INFANCIA DETRÁS DE UNA PANTALLA: QUÉ OCURRE REALMENTE EN EL CEREBRO DE LOS NIÑOS

PSICÓLOGO CASTELLÓN

El uso de pantallas en la infancia temprana ha aumentado de forma exponencial durante la última década. Teléfonos móviles, tabletas, televisores y otros dispositivos digitales forman parte del entorno cotidiano de muchos niños desde los primeros meses de vida. Esta tendencia ha generado una pregunta imprescindible: ¿cómo afecta la exposición temprana a las pantallas al desarrollo cerebral?

La evidencia científica actual indica que una exposición excesiva, especialmente durante los primeros cinco años de vida, puede asociarse con alteraciones en áreas clave del desarrollo cognitivo, lingüístico, emocional y social.

Durante los primeros años de vida, el cerebro desarrolla millones de conexiones neuronales por segundo. Este período de alta plasticidad cerebral es especialmente sensible a las experiencias ambientales. Las interacciones con los padres, el juego libre, la exploración física y la comunicación cara a cara son estímulos fundamentales para la maduración de los circuitos neuronales relacionados con el lenguaje, la atención y la regulación emocional. Cuando una parte importante del tiempo de vigilia se dedica a actividades frente a pantallas, estas experiencias esenciales pueden verse reducidas o sustituidas.

Uno de los hallazgos más consistentes es la relación entre un mayor tiempo de pantalla y peores resultados en el desarrollo del lenguaje. La disminución de las interacciones entre padres e hijos constituye uno de los mecanismos más importantes que explican este fenómeno. Los niños aprenden a hablar mediante la comunicación bidireccional: observan expresiones faciales, interpretan gestos, responden a preguntas y reciben retroalimentación inmediata. Las pantallas, especialmente cuando se utilizan de forma pasiva, no reproducen estas condiciones de aprendizaje de manera equivalente.

De la misma forma, una revisión sistemática publicada en BMC Psychology en 2024 examinó estudios experimentales sobre programas televisivos dirigidos a niños preescolares. Los resultados mostraron que los contenidos con ritmos muy rápidos, cambios frecuentes de escena y elementos altamente estimulantes pueden afectar temporalmente el rendimiento en tareas relacionadas con la atención y las funciones ejecutivas.

Los investigadores señalan que el cerebro infantil se adapta a los estímulos que recibe con mayor frecuencia. Los contenidos digitales extremadamente dinámicos pueden dificultar posteriormente la adaptación a actividades que requieren atención sostenida, como la lectura o el aprendizaje escolar.

Las habilidades sociales y emocionales se construyen a través de la interacción humana directa. Los niños aprenden a reconocer emociones, desarrollar empatía y regular sus conductas observando e interactuando con otras personas.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en JAMA Pediatrics en 2024 analizó más de 100 estudios y concluyó que ciertos contextos de uso de pantallas se relacionan con peores resultados psicosociales. Entre los factores de mayor riesgo se encuentran la exposición a contenido inapropiado para la edad, el uso pasivo y el elevado uso de dispositivos por parte de los propios cuidadores.  Por el contrario, cuando los padres participan activamente en la experiencia digital (comentando el contenido, haciendo preguntas e interactuando con el niño) los resultados cognitivos suelen ser más favorables.

Una de las conclusiones más importantes de la investigación reciente es que no todas las experiencias digitales tienen el mismo impacto. El contexto de uso puede ser tan importante como la cantidad de tiempo de exposición. Los resultados varían según:

  • El tipo de dispositivo utilizado.
  • La calidad educativa del contenido.
  • La edad del niño.
  • La presencia o ausencia de un adulto durante la actividad.
  • El uso activo o pasivo de la tecnología.

Por ejemplo, las videollamadas con familiares o las actividades educativas compartidas suelen mostrar efectos muy diferentes a los observados con el consumo pasivo y prolongado de vídeos o programas de entretenimiento.

La evidencia científica actual indica que la exposición excesiva a pantallas durante la primera infancia puede asociarse con dificultades en el desarrollo del lenguaje, la atención, las funciones ejecutivas y las habilidades socioemocionales. Sin embargo, la investigación más reciente también muestra que el impacto de las pantallas depende en gran medida de cómo, cuándo y para qué se utilizan. La calidad del contenido, la participación de los adultos y el equilibrio con actividades fundamentales como el juego, la lectura, el movimiento y la interacción social son factores determinantes para el desarrollo saludable del cerebro infantil.

Ana Egea. Psicóloga en Psicología Camins Castellón

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