RUTINAS SÍ, PERO CON ESPACIO PARA IMPROVISAR

psicólogos Torrelodones

Somos animales de costumbres. Basta observar un día cualquiera para comprobar cuántas cosas hacemos casi siempre de la misma manera: elegimos el mismo camino para ir a trabajar, nos sentamos en el mismo sitio para desayunar, seguimos un orden parecido al ducharnos o tenemos pequeñas costumbres que repetimos sin apenas darnos cuenta.

Y esto tiene sentido. Nuestro cerebro tiende a automatizar aquellas conductas que repetimos con frecuencia. Así no necesitamos prestar atención constantemente a cada pequeño paso y podemos reservar nuestros recursos para otras tareas. Las rutinas, por tanto, nos facilitan la vida.

Desde la infancia, además, cumplen una función especialmente importante. Saber qué viene después, anticipar determinados momentos del día y contar con unos horarios y hábitos más o menos estables proporciona seguridad a los niños. Las rutinas pueden facilitar la convivencia familiar, favorecer la autonomía y ayudar a organizar el día a día.

Pero una cosa es tener rutinas y otra muy distinta necesitar que todo ocurra siempre de la misma manera.

Cuando cualquier cambio de planes genera un gran malestar, cuando necesitamos saber de antemano exactamente qué va a ocurrir o nos cuesta enormemente adaptarnos a un imprevisto, esa estructura que inicialmente nos daba seguridad puede empezar a limitarnos.

La flexibilidad también se aprende.

Un niño que tiene la oportunidad de enfrentarse poco a poco a pequeños cambios descubre que puede adaptarse a ellos. Aprende que no pasa nada si hoy hacemos las cosas de otra manera, si cambiamos el orden previsto o si aparece un plan que no esperábamos. Y esto no es algo que solo necesiten aprender los niños. Los adultos también podemos quedar atrapados en nuestras propias costumbres y perder oportunidades simplemente porque se salen de lo conocido.

Las rutinas son necesarias. Nos ayudan a organizarnos, nos aportan estabilidad y hacen nuestro día a día más sencillo. Pero conviene dejar algunos espacios sin llenar.

Espacios para improvisar, cambiar de opinión, probar algo nuevo o hacer simplemente las cosas de otra manera.

Porque sentirnos seguros no debería depender de que todo ocurra exactamente como habíamos previsto. Y porque salir de vez en cuando de lo conocido también nos permite aprender, descubrir y crecer.

Sara Cantavella, directora Camins.

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