Pensar y analizar las situaciones cotidianas con el objetivo de poder tomar una buena decisión puede considerarse una estrategia útil, sin embargo, cuando las preocupaciones sobre los acontecimientos vitales aparecen en forma de bucle mental deja de ser un mecanismo adaptativo. En este caso el sobre pensamiento se define como un mecanismo de defensa al que se recurre para conseguir protección y aislamiento del dolor, buscando un control que no existe, desplazándose el foco del malestar a aspectos vitales que se consideran más controlables para no conectar con la verdadera preocupación. También podemos entender este proceso como una estrategia de evitación cognitiva, puesto que al mantener la preocupación sobre algún problema aparece la falsa creencia de estar realizando alguna acción para solucionarlo, aunque realmente no sea así, de forma que la evitación del dolor no permite generar estrategias eficaces para solucionar el problema en cuestión.
Existen diversos factores favorecen la aparición del overthinking, entre ellos encontramos el estrés, la sobreinformación, el estilo de vida actual, y la relación con las figuras de apego, de manera que situaciones de falta de predictibilidad del ambiente, de
dificultades en gestión emocional, y de falta de afecto y validación, pueden llevar al aprendizaje de que para sentir seguridad es necesario controlar el entorno.
Las dudas obsesivas aparecen en las relaciones profundas, independientemente del ámbito en el que surjan, ya que éstas son espacios vinculares en los que emerge el sentimiento de vulnerabilidad. Así, tanto en las relaciones familiares, como de pareja y amistad, el miedo a la pérdida del ser querido activa la hipervigilancia y el sentimiento de inseguridad, que llevan a la necesidad de saber qué ocurre y por qué, lo que lejos de ofrecer seguridad únicamente alimenta el bucle mental. De esta manera, se pierde el foco en lo realmente importante en los vínculos: comunicar y acompañar desde la asertividad y la vulnerabilidad con el objetivo de conectar y crecer juntos.
Los bucles de dudas obsesivas pueden tomar muchas formas: ¿estoy dando demasiado a la relación?, ¿percibo lo mismo de mi pareja?, ¿habré hecho algo que le ha molestado y eso hace que esté más distante?, ¿podemos seguir teniendo una relación, aunque no nos veamos tanto?, ¿por qué no me pregunta si necesito alguna cosa si yo siempre lo hago?, etc. El origen de estos bucles es no conectar con los sentimientos de miedo, culpa y vergüenza que producen la aparición de las dudas, desarrollándose un conflicto entre lo que realmente se siente y lo que se piensa que se debería sentir, de manera que la desconexión emocional, la racionalización excesiva, y la fusión con los propios pensamientos toman el control del espacio relacional. Ante esta situación, existen diversas estrategias que se pueden poner en práctica:
- Dejar aparecer las dudas, aunque incomoden, sin intentar evitarlas de ningún modo.
- Permitir una vida llena de matices, sin rigidez ni exigencias extremas, favoreciendo la expresión de los deseos alineados con los valores propios.
- Reconectar con las emociones y con el cuerpo, focalizando la atención en el qué y no en el porqué de los acontecimientos.
- Desarrollar una mirada compasiva hacia uno mismo, siendo conscientes de que tanto el momento vital, como el contexto y las relaciones, influyen en el bienestar emocional de las personas.
- Aprender a cuidarse sin vigilarse, centrando el autocuidado en el momento presente, desarrollando una visión integrada y reflexiva que permita la existencia de las diferentes facetas que nos componen, permitiendo que se expresen de la manera más funcional para la propia experiencia.
Carmen Marí, psicóloga en Camins Castellón.




