La idea de que “los polos opuestos se atraen” es muy popular, pero es importante que la maticemos.
Es cierto que las diferencias en etapas iniciales de una relación generan atracción. Que otra persona sea por ejemplo más impulsiva, puede resultarnos novedoso e interesante si somos personas más racionales. Estos rasgos nos aportan frescura y espontaneidad.
Así, se admira lo que a uno le falta: la capacidad de expresar emociones es admirado por la persona más lógica, la calma del introvertido puede resultar acogedora para el extrovertido, el atrevimiento y la capacidad de tomar decisiones con facilidad es deseado por personas más indecisas o inseguras.
Son aspectos o rasgos de la personalidad que se desearía desarrollar, que complementan necesidades. Por eso la idea de la complementariedad no nos suena mal, así nos damos uno al otro lo que necesitamos: El soñador inspira proyectos, el práctico ayuda a llevarlos a cabo. El organizado aporta estructura, el flexible aporta capacidad de adaptación…
Pero, ¿qué pasa si uno siente que le falta algo y que es su pareja quien se lo da? El resumen es que uno mismo se siente incompleto estando solo. Y esto es un caldo de cultivo para la baja autoestima y la dependencia emocional.
Además, si las diferencias se dan en áreas importantes como los valores, estilo de vida, visión de futuro, forma de comunicarse, necesidades afectivas… con el tiempo, conllevarán tensión y conflictos recurrentes, desgaste emocional y sensación de incompatibilidad.
Dos personas que valoran la tranquilidad y las rutinas estables compartirán el ritmo y los hábitos diarios. Una pareja que valora la familia, la honestidad y la lealtad tendrá menos conflictos en decisiones importantes. Si ambos necesitan cercanía, contacto físico y comunicación, la relación fluirá más fácilmente.
La estabilidad a largo plazo depende sobre todo de las similitudes, y aunque las diferencias pueden convivir, es importante trabajar la comunicación y la negociación. En Camins, podemos ofrecerte herramientas valiosas para trabajar en ti mismo y en tu relación.
Amanda Barberá, psicóloga en Camins Castellón




